El Benemérito General Juan Vicente Gómez,
Presidente de la República de Venezuela, gran impulsor del hipismo nacional,
presenciando las carreras de caballos en compañía de su compadre don Antonio
Pimentel. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
(Artículo del periódico “The New York Times”, 26 de diciembre de 1933, traducción especial para “El Nuevo Diario”).
Un
deporte para todos. El Presidente Gómez estimula el sport hípico para el
mejoramiento de la cría caballar. Se permiten las apuestas. La cría está
supervisada por un Ministerio. Buenos ejemplares llevados de
Estados Unidos.
Las carreras
de caballos que el año pasado fueron restauradas en Venezuela por el Presidente
Gómez, han empezado ahora su segunda temporada desempeñando en ella parte
principalísima los caballos de origen norteamericano.
Desde
finales de la temporada pasada una veintena de “pura sangre” yanquis han sido
importados por los entusiastas del turf y cinco caballos de carreras americanos
figuraron en la subasta celebrada por el Jockey Club de Venezuela, como parte
de su programa para estimular el interés en el sport, aumentando así el número
de las inscripciones.
El objeto
principal del General Gómez al reanudar las carreras de caballos, no fue solamente
proporcionar sport y diversión a sus compatriotas, sino que al mismo tiempo que
ofrecía solaz y entretenimiento, estimulaba el interés en la cría caballar.
El ganado
caballar y vacuno que se cría libre en los vastos llanos del interior de la
República, constituía en otros tiempos la riqueza principal de la Nación. El
General Gómez consideró que una de sus misiones principales al hacerse cargo
del Poder, estribaba en la promoción de la cría y recuperación de la industria
ganadera.
Bajo su
dirección, Venezuela es probablemente el único país en el mundo que cuenta con
un departamento ministerial dedicado al mejoramiento de la cría. Este
departamento es anexo a los de Sanidad y Agricultura. El Ministerio completo se
denomina de Salubridad y de Agricultura y Cría.
Para que las
carreras de caballos empezasen con el debido empuje, el General Gómez ordenó
que se construyera, en una de las avenidas más modernas de Caracas; un
hipódromo que nada tiene que envidiar a los mejores de Estados Unidos. El
Jockey Club importó de Estados Unidos, Chile y Europa, veinticuatro caballos
que fueron vendidos en una forma única. Fueron clasificados de acuerdo con el
precio y los postores fueron quitando números, conformándose con el animal que
les tocaba en suerte. Una tercera parte de los caballos fueron adquiridos por
sindicatos compuestos de dos a ocho personas.
Para hacer
aún mayor el interés en las carreras, se permitieron las apuestas, pues el
juego está terminantemente prohibido en el país, exceptuando la lotería. Así
pues, se implantó el parimutuel y el “pool”. Además el General Gómez, quien
desde su regreso a la Presidencia había establecido la costumbre de pasar una
quincena de cada mes en Maracay, hace lo posible para asistir a todas las
reuniones hípicas, que se celebran los domingos en la tarde.
Desde
finales de la temporada pasada, varios miembros del Jockey Club, durante sus
viajes al extranjero, hicieron las veces de exploradores, indicando algunos
animales que podrían dar buenos resultados en la pista de Venezuela. No se ha
tratado de conseguir ejemplares de renombre internacional, pero tampoco se
importan animales que no tengan un buen “pedigree”, llevando todos ellos su
correspondiente certificado de salud.
EL GENERAL GÓMEZ BUSCA UN ALTO TIPO EN LA CRĺA
Gran parte
de la iniciativa personal del General Gómez está invertida en la cría,
inversiones que hasta la fecha han sido altamente beneficiosas, estableciendo granjas
experimentales para mejorar la cría en Venezuela.
Él ha importado
famosos ejemplares de Estados Unidos, Chile, Francia, Inglaterra y Alemania,
para refrescar la sangre del ganado nativo. Uno de los experimentos que hizo
fue importar zebús de la India, cruzándolos con productos venezolanos. Además,
el General ha gastado enormes sumas en la construcción de pozos artesianos,
establos de cemento y hierro, tanques antisépticos y cierres de haciendas.
Ninguno de
los puntos que puede beneficiar al agricultor o ganadero es descuidado cuando
se trata de imponer nuevas leyes, y un buen ejemplo de ello es que la
maquinaria agrícola y el alambre de púas, pueden ser importados libres de
derechos.
(Publicado
en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 13 de enero de 1933).
