El sensacional jockey puertorriqueño Alejandro Fort
"Machuquita", quien se destacó como uno de los mejores jinetes montando
en Venezuela los ejemplares de los Gómez. Se observa una de sus victorias con
el caballo "El Tuy", propiedad de José Rosario Gómez, sobrino del
General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela. Año 1935. (Archivo:
Hnos. Dupouy Gómez).
Alejandro Fort Machuca, a quien cariñosamente apodaron "Machuquita" por su pequeña estatura, estuvo en Venezuela contratado como jinete, para correr las temporadas
de 1932-1933 y 1934-1935. Su entrenador fue el inolvidable Marcos Andino, también boricua como él.
Entre los caballos que montó Alejandro Fort, en Venezuela, tenemos a: "El Tuy", "Mr. Joe", "La Vitola", "Caribe", "Fuenterrabía", "Toá", "Republicano", "Yacumama", "Yruya", "El Visir" y "Bauche", entre otros.
"Fuenterrabía", pertenecía al Sindicato "Zulia", era un caballo chileno, castaño, de 5 años, su padre era "Tácite" en "Médicis".
El destacado ejemplar "Fuenterrabía", de cinco años, en 1935. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Para la primera quincena del mes de enero de 1935, el formidable jinete
puertorriqueño Alejandro Fort, hasta el décimo día de carreras, ocupaba el
segundo lugar entre los jinetes ganadores en la clasificación con 11 primeros,
5 segundos, 2 terceros, 2 cuartos y 6 no placé en 26 actuaciones, escoltando
al gran jockey venezolano Pedro Emilio Yumar, líder de la estadística con 15
victorias.
A la izquierda: José Rosario Gómez, deportista y entusiasta aficionado y propietario hípico, quien contrató para su caballeriza al afamado jockey Alejandro Fort "Machuquita". A la derecha: Aparece su padre, el General Juan Crisóstomo "Juancho" Gómez, Gobernador del Distrito Federal y Vicepresidente de la República de Venezuela, hermano del Benemérito General Juan Vicente Gómez. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Alejandro Fort estuvo al servicio de la caballeriza de don José Rosario Gómez y fue uno de los jockeys extranjeros que mejor rendimiento demostró en nuestra pista del Hipódromo de "El Paraíso" en la ciudad de Caracas, Venezuela.
En aquellos años dorados de nuestro hipismo, entre jockeys y aprendices la lista era de 31.
Marcos Andino, el excelente preparador de caballos de carrera puertorriqueño, de grata recordación en nuestra historia hípica encabezando las estadísticas. Fue también contratado por José Rosario Gómez como entrenador de sus ejemplares. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Marcos Andino, entrenador puertorriqueño a cargo de la caballeriza del
señor José Rosario Gómez, quien de 58 veces que han corrido los ejemplares a su
cuido ha ganado 13 primeros, 11 segundos, 14 terceros, 4 cuartos y 14 no placé,
encabezando la estadística de la actuación de los preparadores durante los diez
primeros días de carreras. Los caballos al cuidado de Andino son los que más
carreras han ganado en la actual temporada, 1934-1935, pero a pesar de esto
ocupa el segundo lugar en materia de rendimiento monetario por correr todos sus
caballos en los grupos inferiores durante los primeros días de carreras.
Alejandro Fort, se convirtió en el primer jinete en Puerto Rico en lograr 1,000 victorias. La hazaña la conquistó con "Velie" en el Hipódromo Las Monjas, el 20 de febrero de 1944.
A continuación, compartimos el recuerdo del acucioso
historiador hípico José Rafael Ball sobre esta importante figura del hipismo:
ALEJANDRO FORT "MACHUQUITA"
El legendario jockey puertorriqueño Alejandro Fort "Machuquita". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Alejandro Fort, de los más destacados jinetes
puertorriqueños de la década de los años 1930´s. ¡Todo un artífice del filete!,
vino a Caracas, por segunda vez, en 1934 contratado por la caballeriza de don
José Rosario Gómez, hijo del General Juan Crisóstomo "Juancho"
Gómez, Gobernador del Distrito Federal y hermano del Presidente de la
República, Benemérito Juan Vicente Gómez. Llegó al puerto de La Guaira el día
23 de diciembre, y el 24 ya estaba programado su estreno.
Antes, Fort había debutado en nuestro país, el
año 1932, figurando en un total de 25 carreras para ganar 3 y en 2 ocasiones
finalizar de segundo. Regresó a San Juan de Puerto Rico sin haber actuado toda
la temporada. Vale la pena señalar en estos comentarios que su señor padre, don
Juan Fort, vivió en la urbanización El Silencio, en Caracas, y trabajó como
corrector de pruebas en los años 1950´s en el diario "El Heraldo",
cuando éste era propiedad de don Ricardo Domínguez, "El Chispa", y lo
dirigía don Pedro Sotillo.
Ejercía la Jefatura de Deportes el recordado
Raúl Ledo y el autor de este libro era el responsable de la sección hípica.
Fort, fue figura de primera línea en el
hipódromo de "El Paraíso". Con decirse que ésta, su segunda visita a
Caracas, en sus iniciales 14 actuaciones había producido 8 ganadores. Resultó,
en esta campaña de 1934, el adversario de mayor poder que tuvo nuestro gran
jinete Pedro Emilio Yumar. Nos decía años después (1949), don Alfonso Toledo
Castro jefe de las páginas hípicas del también desaparecido diario
"La Esfera", de don Ramón David León, que Alejandro Fort siempre fue
un jockey completo. Magnífico en "tiros" breves como también en
recorridos de aliento. Su postura, agregaría "Cachito" Toledo, lo
ubicaba en la lista de los llamados maestros. Sabía mandar y pegar. Era muy
inteligente y vivo, y no desperdiciaba un metro en el desarrollo.
Y recalcaba don Alfonso, en su conversación que
más bien parecía una clase de sus alumnos, oía atentamente a José Aponte, aún
activo en la profesión, que en su humilde opinión, Alejandro Fort en esos años
treinta, sino era el Número 1 de los jockeys borinqueños, seguro que estaba
entre los tres primeros.
Concluyendo finalmente:
Era bueno…pero muy bueno.
(Publicado en el libro "El Paraíso Aquel
Hipódromo", escrito por José Rafael Ball. Año 1987).
Una interesante y valiosa entrevista al
magnífico jockey boricua fue publicada en la revista "Universo Deportivo",
durante una de sus visitas a Venezuela en 1981. La compartimos a continuación
con los amables lectores:
"MACHUQUITA" FORT CABALLERO DE LA FUSTA
(Por: Jenitor 13).
Don Alejandro "Machuquita" Fort en el recinto de peso del viejo Comandante de Puerto Rico donde por muchos años se desempeñó como Juez. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
A los 73 años mantiene la vitalidad y agudeza que le dieron renombre en
las pistas latinoamericanas.
Los días pasados, con motivo de celebrarse en Venezuela, el XIII Clásico
del Caribe recibimos la visita de Don Alejandro Fort Machuca, uno de los Jockeys
más famosos de Puerto Rico en toda su historia hípica. La brillante trayectoria
de este universal caballero de la Fusta, se agiganta con la fecundidad de sus
anécdotas conseguidas en un cúmulo de experiencias que nos permite retroceder
en el tiempo para conocer hechos de gran
relevancia.
"Machuquita", como cariñosamente se le conoce, nació en la Calle El Cristo
de San Juan, el 5 de Noviembre de 1906. Por cierto que esta calle es hoy en día
una de las más famosas de la Isla. Transversalmente está cruzada por la calle
San Francisco, donde está situado el Palacio del Gobernador, quien personalmente
recibe a los turistas dos días por semana.
La calle El Cristo tiene un gran significado para los hípicos
puertorriqueños, ya que ahí se hicieron las primeras competencias de caballos,
con motivo de celebrarse las Fiestas Patronales de San Juan Bautista en el año
de 1849.
He aquí pues, el estímulo primario de Don Alejandro, quien nació en una
calle hípica por tradición, la cual fomentaría o estimularía luego, cuando
desde muy corta edad visitaría con sus amiguitos de la infancia, el Hipódromo
de la Parada 20, pero por su corta edad, 9 años, tenía que colarse por la
puerta del fondo, donde escondidos, tomaban posiciones para admirar el espectáculo
de las carreras. Durante las noches, dando rienda suelta a sus sueños
juveniles, se imaginaba en su fantasía que era toda una estrella de este deporte
tan difícil. Su almohada, la que utilizaba de corcel, era duramente castigada
con una regla que le servía de improvisado foéte y sólo esa carrera era interrumpida,
cuando su señora madre, apagando la luz, le obligaba a dormirse. Lejos estaba
el chiquillo de imaginar que con el correr del tiempo, se convertiría en uno de
los más legendarios jockeys de todos los tiempos, para beneplácito de su bella
isla borinqueña.
Don Alejandro "Machuquita" Fort posó para la Historia. Fue el momento culminante cuando le era entregada la placa que lo acreditaba como miembro del "Hall de la Fama de Puerto Rico". (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
"Machuquita" siguió asistiendo al hipódromo y recuerda que a los 12 años, un
caballericero que le tomó cariño, le amarraba de la silla de un caballo,
mientras le daba vueltas a un picadero. De esta manera, se fue formando la
relación entre él y los caballos, a los que ayudaba a limpiar y especialmente
en lo que tocaba en la tarea de alimentación.
Poco a poco le fueron dando oportunidades pese a su fragilidad, y así,
cuando tenía 19 años, y solo 38 kilos de peso, recibió su matrícula, para
debutar en Octubre de 1925, con el ejemplar MALANGO en la Parada 20. Como a los
quince días, un propietario que le vio aptitudes, se lo llevó al hipódromo de
Ponce, donde no tardó en ganar su primera carrera con OLD GLORY, completando
dos triunfos más con PUERTORRIQUEÑA y REYNA MORA, de un total de cinco
compromisos esa misma tarde. Al mes, más o menos se marchó al hipódromo
principal de Puerto Rico que estaba en San Juan, donde ganó rápidamente con el
ejemplar DOLAR. Por cierto que, en este mismo coso, ganaría su primera carrera
clásica, la Copa "Gobernador 1928" con el ejemplar MANHATTAN, de
grata recordación.
De pequeña estatura, inferior inclusive a la mayoría de sus colegas, jamás
logró sobrepasar los 42 kgs. Su frágil figura, contrasta en grado superlativo
con su historial de inalcanzables récords. Decimos esto por cuanto cuesta creer
que una persona tan endeble físicamente pueda, a velocidades, controlar la
fuerza bruta de animales que muchas veces superan los 500 kgs.
No habíamos terminado de darle opinión, cuando recibimos de su parte una
contundente respuesta:
—Ay bendito,— nos dice muy sonreído. ¡Más vale maña que fuerza!
Ustedes, los venezolanos, tuvieron un hombre menudo de estatura, que con
sagacidad e inteligencia, dominó la fuerza de cinco naciones, dándoles libertad:
SIMON BOLIVAR.
—Más vale maña que fuerza,—repitió.
¡Nada menos cierto! Esa respuesta dará una idea clara al lector, de la
capacidad mental de "Machuquita", cuando hoy con 73 años de edad. Esto nos hace inferir,
que sus récords no son producto de casualidad ya que aparte de la física
natural, todo jockey debe tener inteligencia y velocidad mental para decidir en
carrera, ya que micro de fracciones de segundos son suficientes para ganar o perder
una carrera. No siempre gana el ejemplar más apto o de mejor calidad corredora, ya
que un alto porcentaje de los triunfos dependen de la experiencia y habilidad
del que va arriba.
"Machuquita" posa muy sonriente al lado de un grupo de admiradores durante los traqueos en el Hipódromo de La Rinconada en Caracas, Venezuela. Aparecen en la foto: el entrenador de "Mr. Dominó" R. Rodríguez D., Don Luis Monasterios, Gustavo Antéliz, Jesús Rodríguez y Carlitos Pérez. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Los récords que Don Alejandro dejó para la posteridad, hablan por sí de
su fantástica trayectoria. Desde el año de 1939 ostenta el récord de más
carreras ganadas en una temporada con 170 triunfos. Igualmente el de carreras en
un mes con 26, de un total de 54 compromisos (casi 50%) con 15 segundos, 10
terceros, 1 cuarto y 1 no pizarra. Nadie, puede pasar por alto, lo que considera
un récord mundial, como es haber obtenido 9 triunfos seguidos en igual número
de compromisos. Esto en el hipódromo de Mirapalmeras en Ias reuniones del 12 y
del 15 de Junio de 1938.
Y por si fuera poco, este caballero de la Fusta tiene otro récord
mundial, al ganar 77 carreras con un mismo ejemplar: ATREVIDO, que llegó a
ganar un total de 101 carreras y era propiedad de Don Pepe Méndez Rivera, un hípico
del que "Machuquita" guarda excelentes recuerdos. Ojalá las autoridades hípicas y
gubernamentales hicieran un reconocimiento de este ejemplar y a su jockey
habitual, esculpiendo un bronce, para que la presente y futuras generaciones
puedan admirar y recordar la hazaña de este binomio, la cual creemos única en los
anales del hipismo.
"Universo Deportivo", a través de sus páginas siembra la semilla,
ellos decidirán…si les conviene regalara!
Ah! se nos olvidaba otro récord, consideramos increíble, como todas las
cosas de "Machuquita". En la temporada de 1939, condujo 422 ejemplares en
competencia, dejando de figurar sólo 23 veces en el marcador.
Lo único criticable de este gran señor, es el hecho de que en su época no
dejara comer a sus colegas, que debían conformarse con los puestos secundarios;
pero no obstante, jamás dejaron de admirarle y respetarle, ya que era ejemplo
de profesionalidad. "Machuquita" era todo un maestro que corrió 32 años, estando
26 de ellos entre los 10 mejores y ganando muchas estadísticas. Pero sobre
todas las cosas, fue un caballero a toda prueba y ejemplo de juventudes.
Tres grandes maestros de la fusta: Alejandro Fort "Machuquita", Don Luis Monasterios y Raúl Bustamante "Mano e´ Tigre", quien fuera posteriormente Comisario en el Instituto Nacional de Hipódromos. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Por justa petición de muchos de sus admiradores, entre quienes se contó
al Lic. Juan Tomás Pañagaricano, D. ALEJANDRO FORT, fue elegido por unanimidad
miembro del Salón de la Fama de Puerto Rico el domingo 7 de octubre de 1973.
Debemos destacar que su incorporación fue posible gracias a la oportuna colaboración
del investigador hípico Don Miguel Clemente Cruz, decano de los periodistas hípicos
de Puerto Rico, quién logró presentar las pruebas estadísticas requeridas por
el jurado. Gracias a ello, su nombre estará imperecederamente al lado de otras
grandes figuras deportivas, entre ellos el recordado astro del baseball ROBERTO
CLEMENTE.
Son miles de anécdotas de este
sencillo personaje. Destacamos la presente, ya que permite al lector formarse
una idea de sus travesuras. En una oportunidad le tocaba conducir un caballo
que no conocía y el entrenador, que tenía fama de tener mal genio y ser muy
meticuloso, le dio las siguientes instrucciones:
—Fort, usted no conoce este ejemplar, pero si sigue al pie de la letra
mis instrucciones, le garantizo que ganará la carrera.—
—Llévelo lentamente al aparato de salida, en la largada le da dos gritos
y tres palos, en los novecientos lo carga, le chupa el diente en los
ochocientos, le da aire en los seiscientos y manda de a todo en los cuatrocientos
para ganar fácilmente. —
—Ay bendito,— contestó "Machuquita",— ¡si es así de fáciI!
—¡Espéreme no más!—
Total, para no cansarlos, se dio la carrera en referencia y el caballo
de nuestro héroe no entró en pizarra, lo que disgustó al entrenador, que le
criticó duramente el no haber acatado sus instrucciones. "Machuquita" sin
inmutarse, contestó:
—Señor, ¡usted tiene el animal más inteligente del mundo!—
—En la partida le di dos gritos, pero cuando quise pegarle los tres
palos, volteó y me dijo: —Dos para mí y uno para la G. P. de la M. que te mandó!
—Quise cargarlo en los ochocientos, pero me resultó muy pesado, traté de
chuparle el diente pero tenía el cuello muy largo, busqué echarle el aire, pero
no encontré ninguna bomba abierta, total, cuando quise arriar, otros colegas se
adelantaron. ¡Qué pena!
Ni que decir que el entrenador casi le voltea una trompada y jamás le dio
una nueva oportunidad, que, en resumidas cuentas, nunca le hizo falta.
Alejandro "Machuquita" Fort frente a la "Villa Olímpica" del Instituto Nacional de Hipódromos (I.N.H.), en Caracas, Venezuela. A su lado don Luis Monasterios, "El Monstruo" Gustavo Ávila, el locutor Héctor Alonso y los entrenadores J. Rivera, de Puerto Rico y José "Yeyo" Núñez, de Venezuela. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Don Alejandro, aparte de Puerto Rico, corrió en U.S.A. y Venezuela.
Muchos aficionados a las carreras, se dieron cita en el Puerto de La Guaira,
para darle un caluroso recibimiento, cuando bajó del barco de bandera
venezolana, ”El Falcón". Corría para entonces el año de 1933, y "Machuquita" fue contratado para correr los caballos de los Gómez, en la temporada que se
inauguraría el 19 de Diciembre.
Junto con él, vendrían, además de otros colegas, los boxeadores Kid
Chocolate, Sixto Escobar, Pet Nerbo y Pedro Montañez el torito de Cayey. Por
cierto que en ese mismo barco llegó Juan Franco "Bejuco" quién sería uno de los
impulsadores de la Escuela de Jinetes, dándole la idea al General Juan Vicente
Gómez.
En El Paraíso, alternaría con sus paisanos Eutaquio Colón, Benítez Mazo,
Domingo Ramos, Juan Antonio Cordero Jr., Pedro Cruz Estrada, Sánchez Guaresma y
otros que se escapan momentáneamente a su recuerdo. Entre las personas que
conoció en Venezuela en aquella época, recuerda a Don Celestino Martínez, Nicolás
de Las Casas, Rafael Guerra a quien llama Monguely, José Rosario Gómez y de
manera muy especial a D. Henrique Toledo Trujillo —todos caballerosos
"Turfman "— dice.
El año de 1934, regresó a nuestro país, donde había dejado muy buenos amigos,
para ganar brillantemente el Clásico "Presidente de la Junta Directiva del Hipódromo Nacional", con el caballo
FUENTERRABÍA, propiedad de Don José Rosario Gómez. El trofeo fue entregado por
el General López Contreras.
Por cierto que en esta época, "Machuquita" confiesa, que se corría más por
la satisfacción de ganar que por el monto del premio, que muchas veces era
repartido por el propietario, entre el jockey, entrenador y caballericero. Había
mucha mística, gran amor por los caballos.
—Eran tiempos diferentes— nos dice cómodamente instalado en la residencia
de su amigo Monasterios, quién a veces le interrumpe, para hacerle alguna aclaratoria
o simplemente recordarle un pasaje que vivieron juntos. Aprovechamos también para
hacerle una pregunta obligada referente a los accidentes que forzosamente sufre
todo jockey en su carrera.
—Don Alejandro, ¿recuerda usted rodadas peligrosas?
—Si tomo en cuenta, la cantidad de años que estuve conduciendo, diría que
muy pocas, pero recuerdo una de manera especial, la que tuve con una yegua
llamada LAURA S.-
—¡Me salvé de chiripas! Casi tenía firmado el contrato con San Pedro
para correrle los pencos en el hipódromo de Las Nubes.—
—Estuve casi un mes inconsciente, y los médicos que me atendieron
dijeron, que de salvarme, quedaría loco o ciego. Pero ya ves, locos quedaron ellos,
cuando en final de fotografía logré ganarle a la Pelona. —
—También es inolvidable para mí, un
curioso caso, el cual creo único en los anales del hipismo. Yo venía ganando
una prueba con la yegua SIRENA por más de siete cuerpos, cuando su caballericero
(groom) en un arranque de euforia, tiró
la jáquima hacia arriba, con tan mala suerte, que la yegua se tiró violentamente
hacia adentro, tirándome contra la baranda. Lo único que recuerdo es que por
instinto no solté las bridas, y con el impacto volví de nuevo sobre mi
cabalgadura, para seguir mandando y lograr ganar dramáticamente. Ni que decir,
que el público se tiró a la pista a recibirme por lo que consideró...un milagro.
Al día siguiente la prensa deportiva destacaría de manera especial mi improvisada
acrobacia.—
Dos grandes jockeys de diferentes épocas. Alejandro "Machuquita" Fort y Gustavo Ávila, ambos miembros del "Hall de la Fama del Hipismo" de sus respectivos países. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).
Señalando a Monasterios, "Machuquita" nos dice:
—Muy pocas personas saben que Luis figura en el Libro de Oro del Boxeo
puertorriqueño!—
—ÉI compartía en San Juan la doble actividad de jockey y boxeador. En
primera fila presencié su debut, que marcó el inicio del boxeo en Puerto Rico. —
—Pocos con un boxeo tan elegante y depurado como él.—
Lástima que Doña Juana, su madre, se enteró y le dio una soberana paliza,
que lo retiró de esta actividad.—
Mientras "Machuquita" ensalza las cualidades boxísticas de su amigo,
notamos que luce con orgullo una enorme sortija con una palmera, que contrasta
con su menuda mano. Sus inquietantes ojos azules, notaron nuestra curiosidad y
sin esperar pregunta, nos dice satisfecho:
—¡Es única en su especie!-
—¡Es el símbolo de mi partido la Palma!-
Inmediatamente saca un recorte de prensa de su cartera, fechado en el año
1968. Pertenece al prestigioso diario "El Mundo" de San Juan de
Puerto Rico, donde se destaca una promesa que este hiciera si ese año ganaba su
partido, como en efecto sucedió. La promesa consistía en recorrer caminando la
distancia que separa de San Juan a Ponce, por lo que "Machuquita" en compañía de
una caravana de vehículos recorrió la distancia de
—Fueron tiempos inolvidables para mí. Al igual que las estadías que pasé
en estas tierras de Bolívar. ¡Qué tiempos aquellos!—
Una llamada telefónica interrumpe nuestra conversación, era la
notificación de una línea aérea de que no había cupo para que Don Alejandro
regresara a San Juan, motivado al exceso de pasajeros por los días navideños.
Sin embargo, Don Luis Monasterios toma una decisión: bajar de todas formas al terminal
de pasajeros. Promete a su amigo que de alguna forma conseguirá embarcarlo, ya
que cuenta con muchos amigos en la Aduana Aérea. Más de una hora estuvimos
entre la cantidad de personas que estaban en lista de espera. Al fin se presentó
Monasterios muy contento. Había conseguido su objetivo!
——Te dije que te irás y lo logré!—
—Como eres tan menudo y siempre tienes una sonrisa de oreja a oreja, no
me fue muy difícil conseguirte puesto.—
—Te irás en las piernas de un amigo que te hará pasar por muñeco de
ventrílocuo.—
Risas a granel. Por fin perdió una "Machuquita". Esa inesperada salida de
Monasterios había borrado la fatiga de la espera. Disfrutó de veras el chiste.
A los pocos minutos saldría para su bella isla, no sin antes invitarnos a su
casa en San Juan.
He aquí pues, en resumen, parte del acontecer de este sencillo personaje,
ejemplo de constancia y dedicación, que ha sabido brillar con luz propia
pasando a la Historia Universal del Hipismo, para orgullo de todos sus
compatriotas.
UNIVERSO DEPORTIVO dedica estas páginas con un merecido reconocimiento a
su grandeza como deportista y como persona. Para él, estas sencillas palabras
que reflejan el sentimiento de amistad y admiración que despierta su presencia
en Venezuela.
Pequeño de tamaño…
GRANDE DE CORAZÓN.
(Publicado en la Revista "Universo Deportivo", el 20
de marzo de 1981).











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